¿Cuáles son los cambios más relevantes en los sistemas de producción que se han observado en el siglo XXI?

Los principales cambios que observamos en la forma de producción, además de los cambios tecnológicos que vemos, están muy relacionados con la reglamentación y con la legislación del trabajo en varios locales. Varios países del mundo han hecho reformas laborales en el sentido de abaratar el costo del trabajo. Existen las tecnologías que hacen que los productos y los costos de producción sean más baratos, pero de igual manera existen varias “desreglamentaciones”, varias flexibilizaciones en las leyes laborales de los países que también hacen que el trabajo sea más barato.

 

¿Cómo estos cambios están condicionando el futuro del trabajo en términos de creación de empleo y calidad del trabajo?

Pensando en las tecnologías, estamos frente a una frontera entre una forma de producir a la que solemos llamar tercera revolución industrial, hacia una nueva forma de producir que es esa frontera de la cuarta revolución industrial. Básicamente, además de la automatización, es la posibilidad de interacción entre la producción misma y el poder decisorio. Tal vez, la cuestión más importante ahora sea la de las nuevas posibilidades de producción que estas nuevas tecnologías traen consigo, lo que se acostumbra llamar revolución digital, la industria digital o la revolución 4.0.

Lo que ya no es solamente la posibilidad de automatización y mecanización de las tareas, sino, principalmente, la capacidad de grandes procesamientos de datos, la posibilidad de interfaz entre la producción y el consumidor de manera muy directa, con gran poder de personalización. Y eso nos plantea la situación de que, además de aquellos trabajos hechos por máquinas que eran usualmente los más repetitivos o más mecánicos, ahora hasta tareas que involucren tomar decisiones podrán hacerse con el uso de esas nuevas tecnologías.

Entonces, varias profesiones o varias ocupaciones que tenían algún poder de decisión, y que por lo mismo se mantenían aun con la automatización, pasan a ser menos necesarias. Por ejemplo, el control de calidad, que hoy día ya se puede hacer directamente por máquinas y robots, o por la forma de producción que se esté utilizando, sin que necesariamente se requieran personas que los controlen.

Además, en el sector de servicios lo observamos con frecuencia. En el turismo o incluso en el sector de transportes. “Uber” es un ejemplo muy importante de que podemos prescindir de una gran fuerza de trabajo. Únicamente necesitamos a unos cuantos trabajadores, los cuales van a necesitar algunas competencias diferentes, algún nivel de calificación diferente de los que observamos hoy, pero, en cierta medida, muchos menos trabajadores de los que utilizamos actualmente.

Si pensamos, por ejemplo, en el sector financiero, hay bancos que son absolutamente virtuales, que ya no tienen una unidad física. Con ello necesitamos mucho menos mano de obra que si hubiera varias sucursales bancarias. Lo mismo se extiende tanto a la industria como al sector de servicios. Si bien la llamamos la “cuarta revolución industrial”, no es algo que se circunscriba solamente al sector de la industria. Lo observamos en varios sectores.

Y este cambio, muy probablemente, va a hacer que una fuerza de trabajo mucho menor de la que necesitamos hoy sea necesaria para ejecutar cosas mucho más complejas y con un nivel de precisión mucho mayor que el que se tiene con la presencia humana en algunos casos.

Lo que tendremos con eso será un aumento del número de personas desempleadas en todo el mundo. Por ejemplo, se estima que, en los países ricos, que ya tienen un nivel de desarrollo bastante elevado, el 25% de la fuerza de trabajo tal vez ya no sea necesaria.

Entonces, aunque se empleen a personas, a muchas personas, con otras características y otras calificaciones, otras tantas personas quedarán afuera de eso.

 

¿Cómo se comporta esta relación en América Latina?

Es muy difícil pensar en cómo hacer frente a estos cambios porque estos cambios ya están ahí, no son cambios a los que se puede hacer frente con una u otra acción, o postergar que los mismos ocurran.

En realidad lo que tal vez realmente necesitemos sea pensar localmente, principalmente de forma regional… Latinoamérica, países de África. En países como Brasil, por ejemplo, debemos pensar formas de generar posibilidades de empleo y de ingreso, y sobre todo invertir en ciencia y tecnología, ya que esto es lo que va a crear esta frontera, esta utilización de más tecnologías, de más investigación y desarrollo.

Entonces, habría que intentar invertir en esto. Invertir en calificar. No simplemente intentar calificar a las personas, porque me imagino que hoy tenemos algunos trabajadores muy bien calificados, pero en todos lados, aun en aquellos en los que ya existe un nivel de escolaridad y de calificación altos… no es que haya una brecha de calificación, claro que en los países de Latinoamérica sí tenemos tales brechas… pero, en este caso la cuestión es un salto, es una diferenciación en cómo estas personas serán calificadas para que puedan apropiarse e insertarse en esta nueva forma de producción.

Pero, además, con toda seguridad necesitamos de algún tipo de política pública. Los gobiernos y los estados nacionales tendrán que pensar cómo hacer frente a eso. Incluso para el capital estos cambios son un reto porque cuando tienes a muchos menos trabajadores ocupados en los sectores esto significa que hay mucha gente sin ingresos, y si no tienen ingresos, esas personas no son consumidores, en gran medida, de lo que se produce.

Luego, no se trata sencillamente de mantener empleos, sino de mantener los empleos, de mantener los ingresos para mantener el consumo de esos productos que serán originados con esta nueva tecnología. El ingreso mínimo universal. Incluso, el mismo Bill Gates ha sugerido el impuesto sobre el uso de tecnología, exactamente para que aquellas empresas que son más intensivas en el uso de la tecnología aporten recursos para que esos efectos de la reducción en el nivel de empleo sean mitigados.

 

Ana Giorgina Dias es supervisora técnica del Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socioeconómicos – Dieese de Bahia, Brasil.