Entrevista a Elizabeth Peredo

En el contexto de los debates internacionales, ¿Qué rol debería tener el concepto de la justicia climática?

En mi opinión, la justicia climática y el cambio climático como un fenómeno global son de la mayor trascendencia. Probablemente es una de las crisis más importantes, emblemáticas y sistémicas que estamos viviendo y que está amenazando no solamente los sistemas de vida, sino también niveles de la sociedad como son la democracia, la cohesión social y la justicia social. Entonces, en los debates internacionales el tema es la justicia climática y sus consecuencias como la transición energética, la resiliencia y la toma de decisiones justas son fundamentales. El problema es que a veces estos temas pierden visibilidad porque hay otros a los que les dan más importancia mediática, pero en realidad esta es una crisis silenciosa que está afectando nuestras sociedades.
Ya estamos viviendo el tercer año consecutivo más cálido, no es un ciclo más, sino que evidentemente está obedeciendo a una elevación de las concentraciones de partes por millón. Hace dos años llegamos a la cifra del terror. Estábamos en 350 partes por millón de partículas de CO2 en la atmósfera y hemos llegado a la cifra de 400.  Ahora estamos un poco más arriba del 400. Es una crisis que realmente está tomando unas dimensiones muy peligrosas y estamos llegando a lo que varios llaman “el punto de inflexión”, en el que un cambio disruptivo es cada vez más probable.


¿Cuáles podrían ser los puntos de partida para el debate de una Transformación Social-Ecológica en Bolivia?


Bolivia es uno de los países que ha atravesado o está atravesando los procesos del ciclo progresista en América Latina, junto con Brasil, Ecuador, Argentina, Bolivia, Venezuela y Nicaragua. Bolivia está dentro de ese ciclo que atraviesa una crisis que no podemos negar. Un punto de partida importante, fundamental y que debería ser también parte de los debates del Foro Mundial Social es un balance de lo que hemos logrado, de lo que no hemos logrado y qué es lo que está determinando estos procesos de crisis. Más allá de los debates de sectores conservadores y oligárquicos, hay que pensar en lo que estos procesos nos dicen de nosotros. Yo creo que un punto de partida fundamental para acordar en los debates sobre transformación social y ecológica es la evaluación de lo que pasó y que tiene que ver con el progresismo y la izquierda. Yo pienso que el progresismo y la izquierda, en general, abordaron estos procesos de transformación profunda demandada por la gente, por las organizaciones sociales, los campesinos, los movimientos indígenas, los movimientos de mujeres y los movimientos anti-globalización, que eran muy activos en los principios de este siglo en los años (2000, 2005) y que arrastraban una serie de ausencias y vacíos en su propio proceso de consolidación como un pueblo progresista. Creo que hace falta una evaluación más clara de la relación –que yo creo que no la tenían clara- de la izquierda, el progresismo, con el Estado y el poder. Es un tema que nunca estuvo realmente […], los procesos no estaban claros.

En relación con la democracia es fundamental porque podríamos incluso decir que en algunos momentos la democracia ha tenido una funcionalidad pero no se han construido los criterios de una democracia sólida y alternativa que no siga el mismo patrón que la democracia formal del ciudadano-consumidor-votante, sino más bien una ciudadanía activa. Es un tema de profundo debate. Otro tema importante es la relación con las mujeres y el feminismo. Creo que hay una debilidad en los ciclos progresistas y es que no han tomado en cuenta la importancia de la problemática de las mujeres desde una perspectiva estructural y tampoco las propuestas que el propio feminismo ha estado desarrollando desde un contexto donde las mujeres están en la invisibilidad. Creo que este es un desafío. El otro tema es la relación con la naturaleza y con la ecología que poco estaba clara y que es otra de las ausencias del progresismo latinoamericano. Finalmente, la relación con los pueblos indígenas y la electricidad. Entonces, son cinco áreas, seguramente hay más, pero son cinco las que hay que analizar y seguir como caminos que nos van a permitir articular nuevamente el debate sobre transformación social y ecológica.


Hablando de la Transformación Social-Ecológica, ¿Cómo podemos generar y fortalecer los cambios en las sociedades actuales mayoritariamente capitalistas?


Es un desafío enorme el que vivimos. En este momento, ya en la tercera década del siglo XXI, el mundo no es el mismo. Estamos llegando a puntos de inflexión en varias áreas y eso está creando un nuevo contexto muy crítico. Por un lado, porque nos enfrenta a la posibilidad de encarar las consecuencias reales del antropoceno que va a afectar nuestras bases vitales; también, es como una era de la concupiscencia donde el poder político se ha vuelto realmente obsceno. Uno ve fenómenos como el chino y el norteamericano que son ejemplos de gobiernos autoritarios que se están consolidando. Eso ha creado un nuevo escenario y es que, de abajo hacia arriba, se están avizorando diferentes alternativas, diferentes visiones para poder cambiar el mundo. Es importante dar lugar y luz a nuevas visiones. Por ejemplo, toda la visión del bien común, que es fuerte e importante. Si no hubiera eso como práctica cotidiana, tampoco habría probablemente planeta en este momento, porque es la gente quien está cuidando las semillas, el agua, la vida, etcétera.

Creo que hay otra área que es tan importante que no se visibiliza por el sistema y es la economía del cuidado, la reproducción de la vida, que ahorita está en manos de las mujeres, pero que no está a la vista, no está incorporada a las cuentas nacionales y tampoco forma parte del ciclo económico. Lo mismo la naturaleza que nos sostiene, pero que no es visible. Hay economías reales que están ya puestas en marcha y que es importante no únicamente visibilizar, sino también fortalecer como modelos. Junto a ello está todo un proceso de descolonización global. Necesitamos realmente profundizar la descolonización global de este modelo capitalista, sobre-consumidor, que no reconoce los límites y que al no reconocerlos también está enfermando a la gente, es decir, todos los patrones de consumo que se han generalizado incluso en Bolivia. Tenemos la idea de que ser felices y vivir bien es tener más acceso al consumo cuando es justamente lo contrario. Lo que tenemos que afianzar es esta perspectiva que acompaña la visión de vivir bien y de desaceleración, para decirlo suave, pues hay otras propuestas más radicales como el decrecimiento, la cual fue apoyada por la UNESCO hace unos años en su debate.

Es importantísimo tener la mirada hacia esa posibilidad de transformar. Los cambios cuestan mucho, no solamente porque involucran niveles políticos, estructurales y económicos, sino también porque involucran la mente, el cuerpo y el tiempo.


Elizabeth Peredo es investigadora boliviana, activista y experta en temas de sindicalismo, cambio climático y transformación social.