05/2020

¿Autosuficiencia productiva latinoamericana? Desafíos para una inserción más inteligente en la economía global

En el segundo wébinar de la serie ¿Y después de la emergencia qué?, concebida para debatir las alternativas para transformar los países de América Latina en el contexto actual, nos propusimos discutir “¿Cómo repensar los sistemas productivos después de la emergencia? Hacia una mayor autosuficiencia regional”, a partir de la discusión de la configuración actual del sistema económico global y el de América Latina. La pregunta central era: ¿cómo esta emergencia ha afectado las cadenas de producción en nuestros países?

Para ello nos acompañaron en el panel Roberto Kreimerman, exministro de industria de Uruguay, especialista en economía y comercio internacional, con énfasis en las cadenas de valor y sistemas productivos. Además forma parte además de la Red de Especialistas del Proyecto Regional Transformación Social-ecológica. Se completó el panel con la presencia de Sara Caria, doctora en ciencias sociales,  especialista en cooperación y desarrollo, docente e investigadora del Centro de Economía Política del Instituto de Altos Estudios Nacionales de Ecuador. Es la autora del estudio del perfil productivo de Ecuador, encomendado también por el proyecto FES Transformación.

La reconfiguración del sistema productivo mundial y las perspectivas para América Latina

Roberto Kreimerman comenzó su ponencia mostrando la configuración de la fase actual del capitalismo. En concreto se refirió a la modalidad adoptada por el sistema productivo. Subrayó la notable expansión del comercio global en las últimas dos décadas del siglo XX, gestada por el dominio de un pequeño grupo de empresas  transnacionales (ETS) a través de las cadenas globales de valor (CVG). Las CVG trajeron consigo mayor fragmentación de la producción por el aumento de la especialización de las tareas y su relocalización. La reubicación de los eslabones obedeció a criterios que permitieran maximizar la rentabilidad de las ETS, entre los que destacan la búsqueda de materias primas abundantes, mano de obra barata y laxas regulaciones fiscales, laborales y ambientales. Estos cambios en las cadenas de producción implicaron simultáneamente cambios en la organización social del trabajo, la subcontratación, tercerización y externalización territorial de las tareas que, anteriormente, realizaban las fábricas de manera integral. Esto provocó dos efectos inéditos: profundizó la extracción de plusvalía de los trabajadores en casi todos los países del mundo y aumentó la extracción de recursos naturales. Ambos efectos dieron lugar a una mayor concentración de las ganancias en favor de las ETS.

Estos cambios en las CVG vinieron acompañados por la reconfiguración del sistema financiero, el cual hoy representa varias veces el peso de los flujos de la economía real. Cabe decir que para lograr esta reconfiguración global fue crucial la redefinición del papel de la inversión extranjera directa, mediante la liberalización de capitales, promovida desde la primera generación de políticas neoliberales, y su progresiva concentración  a manos de las ETS. El soporte del Estado al capitalismo globalizado es otro de los rasgos constantes en este escenario, menciona Roberto. Este soporte se puede advertir al menos en dos vías; por una parte, mediante los acuerdos y negociaciones internacionales que facilitan la expansión del comercio y el capital transnacional y, por el otro, por el papel que ejerce el Estado en momentos de crisis para rescatar con fondos públicos la iliquidez y activos en riesgo de las grandes corporaciones. Otra característica es el traslado significativo de la agenda y orientaciones de los sistemas de ciencia y tecnología hacia los intereses del mercado.

De esta manera, afirma Roberto Kreimerman, el nuevo sistema de producción es un sistema que excede la fragmentación de las tareas de producción, y abarca también el espectro de las relaciones sociales, institucionales, financieras y el papel de la ciencia y la tecnología. Esto ha llevado a una nueva división internacional del trabajo. A diferencia de la antigua división entre colonias y países industrializados/centrales, posteriormente países desarrollados y países en desarrollo, actualmente se unieron a los eslabones de las cadenas de valor, países que se encuentran más cercanos a la extracción de materias primas, en donde podemos ubicar a los países latinoamericanos, y aquellos que cuentan con mano de obra barata, que se integraron a las cadenas de ensamblaje, donde destacan los países del sudeste asiático.

Esta nueva división internacional del trabajo refuerza la reprimarización de las economías latinoamericanas, sin el desarrollo necesario para que la región pueda enfrentar sus índices de desigualdad y de pobreza, sumando un deterioro severo del medio ambiente.

Afirma Roberto que la fase actual del capitalismo ha generado una situación en la que “nuestros modos de vivir, producir y consumir están llegando a sus límites”. Este modelo de producción está transgrediendo los límites del planeta al afectar sustancialmente los ecosistemas, al mismo tiempo que la concentración de la riqueza sigue en aumento. El panorama económico previo al coronavirus ya era volátil, hoy vemos que esta situación se refuerza con la crisis de turno.

¿Cómo pensar entonces en el retorno a la “normalidad”? Desde el Proyecto FES Transformación se ha pensado en los tres escenarios genéricos: la continuidad, el ajuste/profundización o una posible ruptura. Sin duda habrá presiones fuertes por la continuidad del modelo de producción global. Sin embargo, por las nuevas restricciones, el escenario más probable es un ajuste para lograr la adaptación del statu quo global a las nuevas condiciones, tratando de mantener a toda costa sus tasas de ganancia y evadiendo cuánto se pueda la responsabilidad ambiental.  Para lograr la adaptación es plausible pensar que las grandes corporaciones, apoyadas por el soporte estatal,  apelen a tres estrategias: a) una mayor flexibilización de las relaciones laborales, b) una relocalización selectiva de las cadenas de suministro a fin de reducir el riesgo frente a eventos disruptivos (como el COVID-19) y, c) la aceleración digital y de la automatización de la actual fase tecnológica, con el fin de reducir costos laborales pero también para reconcentrar algunos eslabones productivos cerca de la casas matrices. Es decir, el escenario del ajuste mantendría en buena medida el perfil de las CVG, con una cierta propensión a una mayor regionalización para reducir la vulnerabilidad frente a súbitas interrupciones de las cadenas de suministro. 

Desde el proyecto TSE, se proponen ciertas rupturas en la búsqueda de una nueva normalidad. Las medidas principales pasan por la descarbonización de la economía, el cumplimiento del Acuerdo de París, la construcción de un sistema productivo más equilibrado entre sectores productores de tecnología, de bienes de capital y de bienes de consumo. El Estado tendría que ejercer un rol activo en sectores estratégicos, con una política productiva inclusiva que genere trabajo de calidad, una mayor apropiación y orientación social de los sistemas de ciencia y tecnología, así como la eliminación de las desigualdades de género y de todo tipo. En suma, repensar el sistema productivo en América Latina  supone cadenas de valor más regionalizadas, con mayor encadenamiento de las unidades productivas, un mayor peso de la economía social y solidaria, la descarbonización neta y la integración/difusión amplia de las tecnologías de la información y de la comunicación.

Lo que está en juego son dos tipos de resiliencia. La de las ETS mediante ajustes para profundizar sus tasas de ganancia a costa de mantener las brechas estructurales y la subordinación del ambiente a la lógica de acumulación. La otra resiliencia, la de la transformación social-ecológica, aboga por la mayor suficiencia de los países latinoamericanos, con una inserción menos subordinada en la economía mundo, con una política productiva activa que integre las potencialidades del mercado interno con la apertura internacional y, sobre todo, rediseñando los sistemas productivos en circuitos más cortos y sustentables.

Los efectos sobre los sectores económicos latinoamericanos… ¿Cómo pensar la transformación productiva?

Sara Caria se enfocó en los efectos de la crisis en las economías latinoamericanas. Destacó que la región aún sufría las consecuencias de la crisis del 2007.  Por esta razón, la crisis actual sorprende a la mayoría de los países en medio de una situación fiscal complicada, con altos niveles de  endeudamiento público y privado, y con una tendencia de varios años de caída de la inversión y las exportaciones.  

Esta nueva crisis golpea fuertemente a los países latinoamericanos por varios frentes: a) una disminución de la actividad económica de los principales socios comerciales de América Latina, lo que impacta en una reducción del volumen de las exportaciones y también del precio, b) la dificultad de mantener las cadenas de suministro. México y Brasil particularmente se ven afectados por ser  las economías más integradas en estas cadenas globales, tanto por el lado de la demanda como por el lado del abastecimiento de insumos. Al mismo tiempo, la caída de la demanda de Estados Unidos conlleva fuertes efectos sobre todo en Centroamérica y México, lo que incluye la reducción de las remesas, c) la disminución de la demanda de turismo golpea a los países del Caribe, y particularmente a las micro y medianas empresas y, c) el empeoramiento de las condiciones financieras mundiales y la fuga de capitales de nuestras economías.

Menciona Sara que las previsiones de la CEPAL para América Latina en el año 2020 estiman una contracción del PIB entre 5.3% y 6%, y se prevé que los sectores más afectados serán los que presentan un relacionamiento directo entre las personas. Los sectores imprescindibles para la vida humana como la agricultura, la pesca, la silvicultura no han sido tan afectadas. La mayoría de las explotaciones mineras se han visto  perturbadas, lo mismo que las industrias manufactureras -por los problemas de abastecimiento de insumos y de menor demanda de los productos. Sin embargo, se constata que los sectores más afectados han sido el comercio, los restaurantes, el almacenamiento y comunicaciones, es decir el sector  de los servicios, los cuales representan más del 50% del PIB Regional y de la población económicamente activa. Como consecuencia, se estima también un importante deterioro de las condiciones laborales, aumento del desempleo y precariedad del mismo. Debido a que las actividades formales están siendo muy afectadas, se prevé al mismo tiempo un aumento de la actividad informal.

¿Cuáles son los escenarios que podemos esperar? Sara menciona que un escenario posible es un mayor colapso del comercio mundial, según se siga comportando la expansión del virus, de la mano de una menor respuesta del multilateralismo frente a los principales desafíos globales. Otro escenario que se vislumbra es la reorganización de la economía mundial a partir de una mayor demarcación de tres  centros: Europa, Estados Unidos y Asia Oriental y suroriental.

Cualesquiera que sean las desenlaces sobre la inversión, producción y comercio, un desafío de primer orden para la región es reducir su extrema dependencia de los principales centro de la economía mundial. Esto se podría lograr si se aplicaran políticas productivas nacionales, subregionales y regionales que impulsaran la integración y el encadenamiento. Por su tamaño relativo, la solución meramente nacional no es una respuesta viable para la transformación de la especialización económica de una buena parte de los países de América Latina.

Finalmente, se pregunta Sara ¿cómo se puede financiar una transformación productiva?, para ello es necesaria la ampliación del espacio fiscal, a través de fondos internacionales, esfuerzos de refinanciación y negociación con los organismos internacionales en condiciones concesionales, y una mayor coordinación de autoridades monetarias y financieras. Es fundamental que los recursos financieros se mantengan en nuestros países para poder financiar el desarrollo de los sectores económicos, así como una revisión de las leyes fiscales y de los esquemas de incentivos para la atracción de capitales. Es hora de pensar en un verdadero sistema tributario que grave a los que tienen mayor riqueza, en especial la que está ociosa y, no menos importante, repensar un sistema regional y/o subregional de banca para el desarrollo.

Ve el conversatorio completo a través de nuestro canal de YouTube.

 

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