04/2020

La política climática a la luz del coronavirus

¿Cómo veremos la crisis actual dentro de diez años? La sociedad está aprendiendo que tiene que aceptar recortes drásticos y “medidas coercitivas” todos los días en la lucha contra el coronavirus.

Por Ulrich Brand y Heinz Högelsberger

¿Cómo veremos la crisis actual dentro de diez años? La sociedad está aprendiendo que tiene que aceptar recortes drásticos y “medidas coercitivas” todos los días en la lucha contra el coronavirus. Las fronteras están cerradas. La vida cotidiana tiene que reorganizarse. Los vuelos están discontinuados. No hay salidas de compras para pasar el tiempo. La tragedia de los refugiados, que sucede simultáneamente en las fronteras europeas, fue dejada de lado en el discurso público.

El tono autocrático con el que el gobierno austríaco anuncia e impone las medidas, en contraste por ejemplo con el alemán, es irritante. Parece que algunos políticos disfrutan gobernar autoritariamente a través de medidas coercitivas. Es como si estuvieran descubriendo la manera de declarar un estado de emergencia en otras situaciones. ¿Se debe al agravamiento de la crisis climática? Si es así, es aún más importante desarrollar un intenso debate sobre qué tan lejos puede llegar el gobierno en estos momentos y qué derechos pueden restringirse. No sólo ahora, sino también después de la crisis del coronavirus, habrá que discutir cómo se distribuirán las cargas. Y sobre la cuestión de si, y cuáles, regulaciones ambientales se relajan para que las empresas puedan recuperarse más rápidamente.

Efectos sostenibles…

Las experiencias positivas de la crisis podrían permanecer: el tráfico aéreo se mantiene en un nivel bajo ecológicamente amigable. También las cadenas alimentarias mundiales de producción de alimentos podrían regionalizarse parcialmente y reducirse significativamente el consumo. No hasta el mínimo necesario sino –como lo percibe cada vez más gente- hasta lo sensato. Una enseñanza de la crisis actual podría ser no acceder a tanto productos baratos del mercado mundial como sea posible, o no buscar el viaje de fin de semana genial mediante vuelos baratos. “Local y regional” ya no sería sólo un slogan de marketing, sino que se convertiría en experiencias personales que no entren en conflicto con la apertura al mundo. 

Las medidas urgentes de corto plazo respecto del trabajo satisfacen los deseos de muchas personas de una jornada laboral más corta. La demanda actual de un ingreso básico para proteger de lo peor a las personas con empleos precarios podría continuar como un logro positivo. Y esto a escala europea. Las profesiones de enfermería, que fueron descuidadas y mal remuneradas, finalmente reciben la apreciación que merecen gracias a la crisis.

…sobre la crisis climática

Sería importante que, después de la lucha exitosa contra el coronavirus, la experiencia se transfiera a otro fenómeno igualmente peligroso: la crisis climática. El asunto entró tardíamente en agenda en 2019. Esto es, no sólo para implementar una política ambiental que no perjudique a nadie. La producción y el consumo, en particular el consumo de lujo, deben adaptarse con mayor claridad a los requisitos de la crisis climática y ciertos productos e industrias deben reducirse significativamente. La socialización de las industrias clave actualmente alentada por los gobiernos alemán y francés también sería de gran importancia en términos de política climática, ya que permite la planificación a largo plazo y reduce la presión de la ganancia empresaria.

Hace unos meses, la Presidenta de la Comisión de la UE, Ursula von der Leyen, anunció un Acuerdo Verde Europeo. Hasta ahora, ha sido esencialmente un programa de inversión para fortalecer a las empresas europeas en el área de las nuevas tecnologías con respecto a los Estados Unidos y China. Esta iniciativa de mil millones de dólares también podría verse de una manera diferente después de que la crisis del coronavirus haya sido superada con éxito. La propia Comisión de la UE está viendo que la gente está lista para repensar la crisis climática. El dinero podría no utilizarse principalmente para una mayor competitividad global de las empresas europeas, sino para una expansión urgente de las infraestructuras públicas a fin de fortalecer una economía sustentable.

Grupos vulnerables

El coronavirus puede ser mortal, pero también lo es la crisis climática. En ambos casos, hay grupos de personas especialmente vulnerables. El coronavirus se basa en el grupo de edad, el cambio climático en el estado social y en el vecindario. En el caso del coronavirus, es normal que la ley y el orden prohiban, algo que los políticos aún no se atrevieron a hacer en lo que respecta a la protección del clima. Los incentivos, la sensibilización y el mercado deberían regularlo, y fracasan en gran medida. Con coronavirus, es concebible que una política climática sea también más estricta y, en vista de la crisis, tenga que emitir prohibiciones: abandonar la generación de electricidad en base a carbón, frenar la expansión de los aeropuertos y del tráfico aéreo, acabar con la crueldad hacia los animales en aras de carne barata.

Las medidas drásticas son posibles si la mayoría de la población comprende su necesidad. Con la experiencia de la crisis del coronavirus, podría otorgarse a la protección climática la seriedad que requiere. ¡Funciona! ¡Nada de falsas excusas!

Estado, no mercado

En lugar de las escuelas y los teatros, podrían cerrarse las lagunas fiscales para las grandes corporaciones y los más ricos. Y cada vez podrían repararse más bienes. Siempre que fuera posible, los automóviles podrían dar paso al transporte público. La humanidad simplemente no puede permitirse el lujo de la maximización de las ganancias y de los súper ricos. 

 

La pandemia del coronavirus deja una cosa en claro: cuando es necesaria una acción urgente, nadie deja la solución en manos del “mercado”, sino que el gobierno y el sector público tienen que actuar. Aunque bajo condiciones democráticas y transparentes. Y los cambios resultantes no son tan dramáticos para la mujer o el hombre promedio, como en la situación actual.

Sobre los autores

Ulrich Brand y Heinz Högelsberger trabajan en el Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Viena.

 

*Este artículo fue publicado en alemán en el diario austriaco Der Standard el 21 de marzo de 2020. Consúltelo, aquí.

 

 

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